EL ARCHIVO DEL LOCO

No sabía por dónde empezar. Todos decían que escribía bien. No más que cualquiera que tuviese infinito tiempo libre, y que lo emplease en leer todo lo que se le pusiese delante de los ojos. Se había tenido que jubilar a los 28 años. Intoxicación por monóxido de carbono. Un escape de gas en casa, o algo así, pues su mujer, de aquella,  también había sido afectada el mismo día, en el mismo pequeño apartamento del carrer Furió, Palma de Mallorca. En aquella isla ahora lejana. En el Mediterráneo.
Ahora, su terapeuta le había puesto como tarea, recuperar las entradas de su viejo blog. Seleccionar unas cuantas y editarlas en uno nuevo, en este, que se titulará "Las tontadas de Koolau. Papeles de un resucitado".
Koolau no es otro, no podía ser otro que Koolau, el leproso, el personaje creado por Jack London en un relato genial, con el que, desde que lo leí, me sentí desproporcionadamente identificado, porque yo carezco de la rebeldía y la dignidad intrínsecas de Koolau (con él sólo coincido en su carácter de "diferente", de inválido en el más amplio sentido de la palabra).




































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