NO ES FUERZA, ES CONCENTRACIÓN Angelillo era un muchacho de 15 años, fornido en extremo, rubicundo. Para su edad disponía de una fuerza física asombrosa. Me acuerdo que nos retaba a todos a sentarnos sobre la pesada mesa de proyecciones, jamás se había usado, pero como curiosos adolescentes que éramos ya sabíamos contenía un pesado proyector de diapositivas, que tras hacer saltar unos engranajes podía desplegarse a partir de un elegante brazo articulado, y entonces, suponíamos, desarrollaría su todavía oculta función; Pues bien, Angelillo se arremangaba, nos pedía educadamente que nos sentásemos sobre el pesado armatoste, que unía al peso de la madera del mueble, ya de por sí considerable, el del misterioso y nunca utilizado proyector, y tras inspirar hondamente, contar mentalmente un número indeterminado de segundos, dejando pasar un tanto teatralmente el tiempo, resoplaba haciendo mover el flequillo que enmarcaba su rostro confianzudo y bonachón, colocaba sus manos gordezuelas ...
Comentarios
Publicar un comentario